19 abril 2007

Huellas en la arena

Una noche en sueños vi que con Jesús caminaba junto a la orilla del mar bajo una luna plateada.
Soñé que veía en los cielos mi vida representada en una serie de escenas que en silencio contemplaba.
Dos pares de firmes huellas en la arena iban quedando mientras con Jesús andaba, como amigos, conversando.
Miraba atento esas huellas reflejadas en el cielo, pero algo extraño observé, y sentí gran desconsuelo.
Observé que algunas veces, al reparar en las huellas, en vez de ver los dos pares veía sólo un par de ellas.
Y observaba también yo que aquel solo par de huellas se advertía mayormente en mis noches sin estrellas,
En las horas de mi vida llenas de angustia y tristeza cuando el alma necesita más consuelo y fortaleza.
Pregunté triste a Jesús: "Señor, ¿Tú no has prometido que en mis horas de aflicción siempre andarás conmigo?"
"Pero noto con tristeza que en medio de mis querellas cuando más siento el sufrir, veo sólo un par de huellas"
"¿Dónde estás las otras dos que indican Tu compañía cuando la tormenta azota sin piedad la vida mía?"
Y Jesús me contestó con ternura y comprensión: "Escucha bien, hijo mío, comprendo tú confusión." "Siempre te amé y te amaré, y en tus horas de dolor siempre a tu lado estaré para mostrar mi amor". "Mas si ves sólo dos huellas en la arena al caminar, y no ves las otras dos que se deberían notar," "Es que en tu hora afligida, cuando flaquean tus pasos, no hay huellas de tus pisadas porque te llevo en mis brazos".
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Y asi es como debe ser con los amigos o la pareja, cuando no puedan seguir caminando, cuando no les quedan ganas de caminar, cogerlos en brazos y andar el camino con ellos hasta que recuperen esas fuerzas para hacerlo de nuevo por si mismos.