18 abril 2007

Los amigos

-¿Quién me necesita?
Recibí una llamada telefónica de un buen amigo, que me alegró mucho. Lo primero que me preguntó fue:
- ¿Cómo estás?
Sin saber por qué, le contesté:- Muy sólo.
Me contestó:- ¿quieres que hablemos?
Le respondí que sí y añadió:- ¿Quieres que vaya a tú casa?Dije que sí.
Colgamos el teléfono y en menos de quince minutos estaba tocando a mi puerta.
Yo hablé por horas de todo: mi trabajo, mi familia, mi novia, mis deudas; él, atento siempre, me escuchó. En esas se nos hizo de día. Yo estaba agotado mentalmente; me había hecho mucho bien su compañía y sobre todo que me escuchara, me apoyara y me hiciera ver mis errores.

Cuando él notó que ya me encontraba mejor, me dijo:- Bueno, me voy, tengo que trabajar.
Sorprendido, le dije:- ¿Por qué no me habías dicho que tenías que ir a trabajar? Mira la hora que es, no dormiste nada, te quité toda la noche.
Él sonrió y me dijo:- No hay problema, para eso estamos los amigos.
Yo me sentía cada vez más feliz y orgulloso de tener un amigo así. Lo acompañé a la puerta de mi casa y cuando caminaba hacia su automóvil, le grité desde lejos:
- Y a todo esto, ¿por qué llamaste anoche tan tarde?

Regresó y me dijo en voz baja:
- Quería darte una noticia.
- ¿Qué pasó?- le pregunté.
- Fui al doctor y me dijo que estoy gravemente enfermo.
Yo me quedé mudo. El sonrió de nuevo y agregó:
- Ya hablaremos de eso. Que tengas un buen día.

Pasó un largo rato hasta que pude asimilar la situación, y me pregunté una y otra vez: ¿por qué cuando me preguntó cómo estaba me olvidé de él y sólo hablé de mí? ¿Cómo tuvo la fuerza para sonreírme, darme ánimos y decirme todo lo que me dijo?