18 abril 2007
A veces soy un erizo
“Un erizo quería estar más cerca de sus amigos, quería que se preocuparan por él y que lo comprendieran, pero cuanto más se acercaba a los demás, más los lastimaba.” El dilema del erizo establece, por tanto, que cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, más probable será que se hagan daño el uno al otro; en cambio, si se mantienen alejados, tendrán que soportar la soledad. El concepto siempre me ha inquietado,esto es tan solo una metáfora de cómo la gente se lastima y es lastimada por su propia imperfección e incomprensión; nuestra naturaleza, como en el caso del erizo. Podemos imaginar a unos erizos que, en busca de calor y compañía sufren, igual que nosotros, un encuentro traumático donde al acercarse a alguien, incluso con buenas intenciones, pueden herir y resultar heridos. La mala noticia para los pobres erizos es que el mundo es hoy como un rosal inmenso: no sólo podemos salir heridos de nuestros encuentros con las personas, sino es también la propia vida la que puede herirnos a nosotros. Sobre el por qué del aislamiento, esque nosotros, como los erizos, ante la adversidad, podemos optar por alejarnos de todo y todos, establecer una distancia de seguridad que nos mantenga alejados de los demás, que nos proteja. Hay gente que rechaza aquellas personas que cree que le pueden hacer daño, sin pensar que en el caso que le hirieran, puede que no sea intencionadamente o quizás no lleguen a herirle nunca.Y no estoy hablando de personajes inadaptados, ermitaños, solitarios; sino de gente que no se enfrenta a aquello que le pueda llegar a herir, o que ya le haya herido, es gente que niega la realidad que le hace daño.. Muchos, para evitar ese dolor, además, optan por convertirse en armadillos: endurecen su piel, perdiendo paulatinamente la posibilidad de sentir el calor de los demás y de compartir el suyo propio a cambio de protegerse de las espinas de aquellos a su alrededor. Son gente que confunde la dureza con la fortaleza, que cree que su armadura les hace fuertes, invulnerables. La fortaleza es afrontar los problemas, no resignarse en la aceptación de los mismos. A lo largo de mi vida he herido y me han herido mucho, pero no por eso me he convertido el un armadillo. Siempre he creído en los demás, siempre parto de la base de que la gente es buena por naturaleza, prefiero partir de una base optimista que apartarme del resto y perder la posibilidad de conocer a alguien que realmente vale la pena y del que puedo aprender mucho. La vida entraña cierto riesgo, es cierto, pero debemos aprender a valorar tanto las cosas buenas como las malas que nos encontramos en ella. Debemos levantarnos después de cada golpe, no dejar de dar y recibir. Debemos abrir nuestro corazón, aunque a veces hiramos, aunque a veces nos hieran, porque si no lo hacemos, nuestro paso por este mundo habrá sido irrelevante. Y eso no es una opción. Por cierto, en realidad los erizos no tienen ningún problema en estar cerca de los demás. Cuando están relajados, sus espinas caen hacia abajo, sin riesgo de herir a nadie. Cuando viven en grupos, a menudo duermen todos juntos...
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